top of page

Pesimismo y resignación bajo el manto de La Clemenza

  • Irene de Juan
  • 11 ene 2024
  • 5 Min. de lectura

PESIMISMO Y RESIGNACIƓN BAJO EL MANTO DE LA CLEMENZA

A propósito de La clemenza di Tito, de Mozart


Irene de Juan BernabƩu - Noviembre de 2016

ArtĆ­culo no publicado


La Clemenza di Tito es una ópera pesimista. DetrĆ”s de su luz, de la amabilidad de su mĆŗsica, detrĆ”s de la bondad del emperador, se halla una certera resignación, un aceptar que hay sueƱos y aspiraciones que nunca se alcanzan del todo. Tito, el clemente,Ā  serĆ” traicionado por su amigo, conspirado por Vitelia (su futura esposa), rechazado por Servilia, la mujer mĆ”s valerosa entre los personajes. Finalmente, perdonarĆ” a todos, Ā”es su deber y su decisión la bondad!, como anuncia en ā€œSi all’impero, amici Deiā€,Ā pero ello no hace sino sumar resignación a su decisión. Se percibe en el segundo finale, en el que todos cantan al triunfo de la bondad del emperador, pero el emperador no se une a la alegrĆ­a. Se percibe en sus recitativos, que tienen algo de monólogos wagnerianos, en los que elabora la batalla interna a la que se enfrenta desde la reflexión y la filosofĆ­a, acabando por acatar la gran decepción que es la traición de su amigo Sexto con una clemencia adoptada desde la norma y el deber como mandatario.

Pero Sexto tampoco se libra del rechazo: su amor por Vitelia crece en dedicación e intensidad a lo largo del primer acto, hasta culminar en su aria ā€œParto, ma tu ben mĆ­oā€, una de las rendiciones mĆ”s bellas de la historia de la ópera, en la que el personaje definitivamente queda prendado de la amada, cuyo reflejo idealizado se expande en la voz ondulante del clarinete. Queda Sexto rendido a expensas de los deseos conspiratorios y vengativos de Vitelia. Ɖsta, sin embargo, no le quiere mĆ”s que para cumplir sus objetivos, y Sexto se resigna a aceptarlo, sin poder evitar someterse a los deseos de la compleja personalidad femenina. Ni en los momentos mĆ”s duros, como el terzettoĀ del arresto, cuando se llevan a Sexto a las mazmorras, lograrĆ” sacar Sexto mĆ”s que palabras de amor para Vitelia, lanzadas al aire y vestidas de una eternidad que a Vitelia llegarĆ” a obsesionar.

Pero si alguien sufre de frustración, esa es Vitelia. La frustración le fluye en la sangre, la lleva inoculada desde la infancia, cuando Tito quitara el puesto de emperador a su padre. Vitelia es la venganza, y a la vez el deseo, pues ama con ambición el puesto de emperatriz, pues busca sin acertar un lugar protagonista, y allĆ­ tambiĆ©n encuentra rechazo. Tito pedirĆ” su mano a la tercera, tras dos intentos fallidos, con Berenice (su verdadero amor) y con Servilia. Es el tercer plato del emperador, y eso la lleva a recrudecer su dolor y su sed de venganza. Vitelia encuentra en su interior emociones enfrentadas y es incapaz de hacerse cargo de ellas. AsĆ­ lo muestra en el dueto junto a Sexto ā€œFan mille affeti insiemeā€, cuando la melodĆ­a sale de su constricción previa para lanzarse, como un rĆ­o, sobre las palabras ā€œMil emociones encontradas luchan dentro de mĆ­ā€. Pero la pobre, ni siquiera como mala logra lo que busca: manda a Sexto asesinar al emperador y justo entonces se entera de que Tito la demanda como esposa, ya es tarde entonces, la mecha de la conspiración estĆ” encendida y rueda sin retorno, y llora en el terzettoĀ que culmina la tercera escena del primer acto, cuando, al tiempo que Publio y Annio esperan su alegrĆ­a, ella se retuerce de angustia pensando en el desenlace del malvado plan que ya se ejecuta sin posibilidad de freno.

La Clemenza es una ópera de batallas interiores, cada personaje libra la suya y acaba acatÔndola con resignación, como un dolor necesario. Sus personajes hablan mÔs que nunca de sí mismos, de sus dudas y decisiones, como en una ópera barroca, pero con la tensión interna del Romanticismo. Mozart lo refleja en una música mÔs reflexiva de lo habitual, fraguada a fuego lento (pese al ritmo vertiginoso en el que fue compuesta), cuya apariencia amable sólo muestra su verdadero trasfondo doloroso ante la escucha atenta, y con unos cuantos momentos de patetismo desgarrador, como la confesión de Sexto ante el emperador o el primer finale, en donde explota el lenguaje expresivo de Don Giovanni y el imaginario fúnebre que subyace a su música en momentos muy contados y que tenía en mente en el momento de creación de La Clemenza, pues ya trabajaba inquieto en su Réquiem por entonces.

Mozart huye en esta ópera de los coloridos tutti, sustituyéndolos por conjuntos camerísticos con una importancia fundamental del viento madera y una predilección por el tempo andante. La línea sustituye, en general, a la masa sonora, aunque esta última invada magistralmente el finale del primer acto, en el que el efecto del color sobre la orquesta y el coro cumple un papel fundamental.

A menudo choca en el oyente la paradoja entre el dramatismo de ciertos momentos del libreto y su puesta en una música afectivamente apacible, amable e incluso alegre. Y es en este aspecto, en el que Mozart hace vanguardia operística haciendo que la música se encargue de dar profundidad al texto a través de encararlo desde una perspectiva diferente al personaje en muchas ocasiones.

En esta obra, la mĆŗsica mira a la acción desde arriba, como narradora omnisciente, capaz de comunicar los significados desde diferentes Ć”ngulos del drama. Nos sorprenden ciertos pasajes en los que el dramatismo del texto se traduce en una mĆŗsica afectivamente positiva. Sucede, por ejemplo, cuando Vitelia habla del engaƱo en su primera aria (ā€œQuien siempre espera engaƱos, atrae engaƱosā€), y la mĆŗsica se muestra intencionadamente inofensiva, engaƱƔndose ella misma ante las palabras de Vitelia. Vuelve a suceder cuando Sexto llega al climax del terzettoĀ en el que se encuentra con Tito tras la traición: tras una intervención de un patetismo estremecedor, sus Ćŗltimas palabras (ā€œNon può chi more di più penarā€.ā€œNo puede sufrir mĆ”s el que va a morirā€) chocan en un contexto musical en el que la armonĆ­a retorna al modo mayor yĀ  la melodĆ­a reactiva su rĆ­tmica. Es la mĆŗsica, en este caso, personificación de la muerte, que se torna alegre si se compara con el sufrimiento que Tito atraviesa.


Pero el caso mĆ”ximo de este cambio de enfoque de la mĆŗsica respecto al contenido afectivo de la palabra lo encontramos en rondó ā€œNon piu di Fioriā€.Ā Sucede tras un recitativo patĆ©tico en el que Vitelia se somete, al fin, a un examen de conciencia, saliendo gravemente perjudicada. Entonces sucede el milagro: el personaje rompe su costra de dureza, venganza y codicia para mostrar su fragilidad y su tristeza infinitas. Decide confesar a favor de Sexto y es de ahĆ­ de donde nace el canto.

ā€œNo habrĆ” guirnaldas de flores que Himeneo entrelace. Sujeta entre brutales y Ć”speras cadenas, veo la muerte acercarseā€. La mĆŗsica, en vez de nacer del dolor y el lamento de Vitelia, nace de la perfección del Eliseo, en donde Himeneo reina como dios del matrimonio, envestida por los hilos melódicos del viento madera y la desconflictualizada naturaleza pastoril.

El enfoque de Mozart supone poner en mĆŗsica esa idealización del matrimonio a la que Vitelia nunca accederĆ”. De esta forma la mĆŗsica fluye en su ambiente ā€œfelizā€ distanciĆ”ndose cada vez mĆ”s de las palabras de Vitelia. Y a base de avanzar el rondó, la mĆŗsica termina siendo una cruel paradoja que gira como un carrusel dejando atrĆ”s a la febril Vitelia cuya melodĆ­a se entrecorta por silencios, cuya persona se desintegra sin apenas rozar el modo menor. Brutal paradoja la de una mĆŗsica a la que nunca podrĆ” acceder el personaje que la canta. Nunca habrĆ” flores para ella, sólo cadenas. Como Tito y Sexto, no llegarĆ” a alcanzar sus sueƱos. Bajo el manto suave de La Clemenza, Mozart escondió una buena dosis del pesimismo y la dureza que le acecharon en sus Ćŗltimos aƱos. ĀæVeĆ­a la muerte acercarse?





Ā 
Ā 
Ā 
  • Facebook
  • LinkedIn

©2019 por Irene de Juan. Creada con Wix.com

bottom of page